El New Art Centre abre sus puertas en Reus como referente europeo en arte digital y tecnológico

El New Art Centre (NAC), un nuevo espacio dedicado a la producción, conservación, documentación y exhibición del arte digital y tecnológico ha abierto sus puertas en Reus, Baix Camp.

En esta entrevista hablamos de los fundamentos y la visión de este ambicioso proyecto con Andreu Rodríguez, presidente del patronato de la New Art Foundation (NAF), y con Vicente Matallana, director del NAC. Ambos abordan el largo proceso que ha culminado en la creación de una infraestructura de más de 3.000m² que cuenta con el apoyo de la Diputación de Tarragona, el Ayuntamiento de Reus, la Generalidad de Cataluña y el Ministerio de Cultura, su papel en la preservación del arte digital, y la voluntad de situar a Reus como referente internacional en la investigación y la producción de arte vinculado a la tecnología. A partir del 9 de octubre, el público podrá visitar su primera exposición, «Hello World!«, que recorre seis décadas de arte digital a través de 27 obras procedentes de la colección de la NAF. Entre los artistas representados figuran Peter Weibel, Daniel Canogar, Ken Matsubara, Joan Fontcuberta, Marina Núñez y Alba G. Corral.

Talleres – Reparación Urbetronica 1999 – Marie-France Veyrat © Pau Ribagorçana

¿Cómo surge la idea del New Art Centre y qué papel tiene la New Art Foundation en su impulso?
El NAC no nace de un gesto aislado, sino de un camino de veinte años. Tras el Premio BEEP de Arte Electrónico (2003), promovido por Arnau Puig, y consolidado como ARCO-BEEP (2006), surgieron unas complicidades que dieron lugar a una colección, la Colección Beep (posteriormente New Art Collection), destacada por una nueva manera de trabajar centrada en la producción y el trabajo con la comunidad, y, en 2013, la NewArtFoundation. Desde entonces, la Fundación ha sido motor y andamiante: produciendo, conservando y documentando obras tecnológicas con artistas, universidades y centros de investigación. El New Art Centre es la cristalización de este proceso: una casa común donde este trabajo sostenido se hace estable, público y operativo.

¿Cuál es la filosofía que hay detrás del proyecto?
Trabajamos desde una mirada matrística (cuidado, cooperación y confianza), con pensamiento sistémico (lo importante son los vínculos, no la suma de las partes) y sensibilidad cibernética (el observador forma parte del sistema que observa). Asumimos que habitamos un continuo ciborg, donde el humano, el animal y el maquínico coexisten en ensamblajes inestables y situados. Por eso el NAC se concibe como un organismo vivo: un lenguaje en uso que se reescribe con cada gesto, obra y relación. La tecnología no como fetiche, sino como medio cultural y político donde se negocian sentidos.

¿A qué necesidades da respuesta el nuevo equipamiento?
A un profundo análisis del medio y a la detección de unas necesidades específicas no sólo en la producción sino también en la conservación; la «última milla» del arte tecnológico. Obras que necesitan almacenamiento y custodia, preservación, restauración avanzada, recambios, actualizaciones y tiempo de prueba; proyectos que requieren residencias, coproducción y un almacén especializado que funcione como taller ampliado. El NAC pone 3.000 m² al servicio del ecosistema: 700 m² de salas, 600 m² de talleres y espacios polivalentes, y 1.500 m² de almacén dinámico para producir, mantener y exhibir de manera continuada. Lo que normalmente pasa detrás del telón se integra aquí en la experiencia pública, ya que el centro funciona como un ecosistema sistémico, una arquitectura transfísica donde todo interactúa y todo es visible. Un espacio en el que el público interactúa con artistas, técnicos y, por supuesto, con las obras.

Non Dimensional Cities – Marnix de Nijs © Pau Frigola

La conservación del arte digital es un reto importante. ¿Qué estrategias estamos desarrollando al respecto?
La base de nuestro trabajo es la detección temprana de problemas y la intervención «aquí y ahora», en estrecha comunicación con los y las artistas y con los técnicos especialistas. Por eso practicamos una conservación en uso: las obras viven encendiéndose. Sostenemos esta vida con documentación estricta y metodologías verificables: entrevistas y validaciones con el artista, protocolos paso a paso, árboles de decisión, versión de manuales, registros y trazabilidad de cada intervención. A esto se suma una gestión precisa de dependencias, inventarios exhaustivos, recambios críticos, clonaje de discos, imágenes de sistema y control de versiones para anticipar errores y revertir cambios. Completamos con bancos de pruebas, calibración periódica y puesta a punto, todo apoyado en un almacén activo de 1.500 m² (+/-4.000 m³) con procedimientos de encendido/reposo y monitorización. La idea es simple: mantener la continuidad operativa sin traicionar la intención de la obra.

¿Qué equipamientos o proyectos han sido los principales referentes para vosotros?
Nos sentimos cerca de espacios que han trabajado la encrucijada arte y -tecnología desde la práctica y la experimentación, como Hangar (Barcelona), V2_ Institute for the Unstable Media (Rotterdam), Li-Ma (Amsterdam), ZKM (Karlsruhe) o Ars Electronica (Linz). Metodológicamente, dialogamos con enfoques de variable media, con la conservación basada en procesos y la preservación estricta. Pero la idea del almacén visible parte de centros no dedicados a este sector, como el Schaulager de Basilea o el Depot de Rotterdam.

¿Cómo os planteáis la relación entre el ámbito local, estatal e internacional?
Como una red de escaleras que se tocan. A nivel local, trabajamos con escuelas, tejido cultural, social y empresarial de Reus y El Camp de Tarragona. A nivel estatal, colaboramos con centros de arte, museos, festivales, universidades y colecciones para colaborar, coproducir, prestar e itinerar. A nivel internacional, activamos alianzas con centros afines y redes europeas. Todo ello es fruto de veinte años de trabajo. Ahora el NAC funciona como un nuevo nodo: una infraestructura al servicio de la comunidad que conecta y hace circular obras, conocimientos y personas.

Exhibition Room © Pau Ribagorçana

¿De qué manera esperáis implicar al público y el territorio alrededor del NAC?
Abriendo el centro, creando una propuesta dinámica, didáctica y participativa donde con todo se interactúa y todo se ve: exposiciones, montajes, pruebas, puestas a punto y restauraciones forman parte de la visita. Habrá mediación, recorridos técnicos y visitas educativas y sociales.
Impulsamos residencias y coproducciones con el tejido local (instituciones culturales, festivales, empresas y centros de investigación), abrimos convocatorias de proximidad, como es el caso de la nueva beca en Reddis, e iniciativas como «Adopta una Obra» invitan a la ciudadanía a sostener la vida de las piezas. No queremos que el público mire desde fuera: queremos que entre en el sistema, lo alimente y lo co produzca.

¿Cómo imaginas el futuro del centro?
Queremos ser un servicio de referencia en Europa para la conservación y producción de arte tecnológico; ampliar residencias y coproducciones; publicar guías y protocolos abiertos; consolidar programas formativos tanto para la sociedad cercana, escuelas y centros, como para técnicos, artistas y comisarios; y fortalecer y ampliar la red de colaboraciones, coproducciones, préstamos e itinedancias. El futuro que imaginamos es progresivo y vivo: un centro que aprende de su práctica, crece por capas y mantiene viva la red que da sentido a las obras y al ecosistema.

Como miembros de HacTe, ¿qué sinergias y complementariedades veis con los demás miembros de la Asociación? HacTe es la ecología donde conectan arte, ciencia y tecnología. El NAC aporta infraestructura (talleres, laboratorios, almacén especializado), saber museístico-tecnológico y capacidad de activación pública; otros miembros suman I+D, transferencia, comunidad y empresa creativa. Juntos podemos prototipar, producir, documentar y mostrar, trazando rutas que van de la investigación a la exhibición y al impacto social. La sinergia es un circuito en funcionamiento, la colaboración su dinámica natural.

Orbihedron – Dmitry Gelfand, and Evelina Domnitch © Pau Frigola

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