Impulsado por HacTe, Hangar y herramientaidea, Tecnosi es un programa formativo que se enfoca desde la tecnociencia, entendida como el entramado inseparable entre ciencia y tecnología en la producción del conocimiento científico, y sus ramificaciones biopolíticas.
Este programa se sustenta en la creación de situaciones de convivencia y aprendizaje intensivo, como una alternativa a los modos de aprendizaje académicos convencionales, reuniendo a artistas y personas investigadoras en torno a las prácticas de investigación y producción.
Tecnosis invita a dos artistas a abrir el código de su trabajo para ofrecer un curso estructurado en torno a proyectos o artefactos específicos y explorar, por un lado, las áreas más vulnerables y sensibles de los mismos y, por otro, los puntos de intersección entre las prácticas artísticas, tecnológicas y científicas.
En aquesta segona edició, celebrada del 8 al 13 de desembre de 2025, les artistes convidades han estat:
Agustina Woodgate (Buenos Aires, 1981) artista e investigación que investiga los espacios públicos y cívicos a través de prácticas situadas. Se centra en el estudio de los sistemas, las teorías de los valores y las lógicas de diseño que operan en el entorno construido y que configuran la sociedad.
Antonio Vega Macotela (Ciudad de México, 1980) explora las nociones de trabajo, valor e intercambio, a menudo en colaboración con comunidades y en lugares específicos. Con un enfoque particular en el sistema a través del cual se establecen y se negocian las relaciones sociales, explora la alienación dentro de los sistemas económicos y sus estructuras sociales.
Profundizamos en los contenidos de esta edición, sintetizados a partir de la relatoría cumplida a cargo de Mar Gené y que conforma el cuerpo documental de una futura publicación sobre Tecnosis.
Taller con Agustina Woodgate – 8 y 9 de diciembre
El programa se inició con una introducción donde Woodgate ubicó su práctica artística en el desbordamiento, el desmantelamiento y la desobediencia, como estrategias para cuestionar las estructuras que configuran nuestro entorno. Su trabajo se sitúa en la zona gris entre el espacio público y el privado, explorando la especificidad del lugar, la burocracia, la ineficacia y la apertura a la incertidumbre, para transformar gestos aparentemente simples en actos políticos y poéticos.
Específicamente, Woodgate puso el acento en una metodología basada en procesos abiertos, no lineales, y permeables a la improvisación, en la que el fracaso se convierte en una herramienta para revelar tensiones inherentes a los sistemas existentes y explorar formas de acción a contracorriente. El artista presentó la colaboración interdisciplinaria como un elemento central de su trabajo, articulada a través de procesos de negociación, mediación estratégica y una gestión consciente de los roles para evitar dinámicas extractivas. En este contexto, el arte se desarrolla como un laboratorio pedagógico colectivo en el que el valor reside en los procesos, las conversaciones y la activación de redes de conocimiento, más que en el objeto final. Los proyectos presentados por Woodgate en esta primera jornada fueron, entre otros, The Source o More Heat than Light.

Durante la segunda jornada, Woodgate profundizó en la relación entre el arte, la ciencia y las instituciones, destacando cómo la práctica artística puede operar en los intersticios de los sistemas para generar fricciones conceptuales y hacer visibles estructuras a menudo invisibilizadas. Durante el taller, y en conversación abierta con las personas participantes, se abordaron cuestiones vinculadas al mantenimiento, la observación y la intervención sutil de procesos técnicos e institucionales, así como la importancia de negociar roles, responsabilidades y formas de colaboración. En este marco, el fracaso, la paciencia y la observación emergen como herramientas conceptuales y tácticas para activar nuevas formas de intervención y conocimiento.
Otros conceptos debatidos fueron los de «contracorriente» y «desbordamiento», aplicados tanto a sistemas de inteligencia artificial como a fenómenos naturales, para explorar procesos de acumulación, desacumulación y latencia entendidos como espacios de acción estratégica. La sesión concluyó con una reflexión sobre la memoria y el trauma, las tensiones entre el olvido y la hiper-memorialización, y las desigualdades en la preservación del patrimonio. Woodgate planteó el diseño como una herramienta de lectura crítica capaz de identificar estructuras, protocolos y lagunas para intervenir estratégicamente, entendiendo el arte como un espacio de fricción que activa procesos, conocimientos y memorias latentes.
Taller con Antonio Vega Macotela – 10 y 11 de diciembre
El taller articuló una reflexión teórica y práctica sobre la relación entre arte, comunicación y tecnología, tomando como punto de partida la circulación de dinero, datos y recursos como mecanismos de control. A partir del análisis de las cadenas de equivalencia y de los sistemas de intercambio, Vega Macotela cuestionó las estructuras de enajenación económica y los excesos biopolíticos de la tecnociencia, poniendo de relieve cómo estos procesos transforman nuestra noción de valor. Para el artista, el arte se plantea como una herramienta capaz de desvelar y desarticular estos sistemas mediante gestos aparentemente absurdos, o desplazados, que revelan la fragilidad de las formas contemporáneas de control.
Durante la primera jornada, Vega Macotela abordó la idea de la ocultación y la preservación de la información, explorando estrategias para dejar mensajes visibles o invisibles en diferentes contextos, desde espacios físicos como las cárceles hasta entornos digitales. A partir de proyectos como Time Divisa y Studies on Exhaustion, el artista presentó protocolos de intercambio en los que el dibujo, la documentación o los gestos cotidianos se convierten en dispositivos de comunicación. La noción de «fantasma» sirvió como metáfora de mensajes que circulan entre mundos y requieren un apoyo material para manifestarse. La sesión también sirvió para introducir la historia de la esteganografía, desde la Steganographia de Trithemius hasta prácticas contemporáneas vinculadas al hacking, los memes y la literatura especulativa, abriendo un debate sobre la preservación de la información ante la censura, el ruido y la manipulación. En este marco, se planteó que la memoria y los afectos pueden perdurar más allá de los soportes materiales y que el arte es capaz de generar efectos significativos a través de acciones efímeras, subversivas y lúdicas.

La segunda jornada recuperó y profundizó en la esteganografía y el hacking como herramientas críticas para intervenir en las infraestructuras digitales contemporáneas. Partiendo de la idea de que los ordenadores traducen el mundo en sistemas de representación que no son neutros, el artista presentó un software para ocultar mensajes dentro del texto y propuso imaginar formas de parasitar canales de distribución ajenos. Mediante ejercicios colectivos, los participantes pudieron explorar posibles espacios de infiltración (plataformas comerciales, redes sociales o eventos multitudinarios), reflexionando sobre la viralidad, el ruido, la monetización de la atención y la conversión de la violencia en espectáculo. La sesión concluyó reivindicando el arte como una práctica capaz de generar significado y de intervenir críticamente en las formas contemporáneas de visibilidad, control y resistencia.
Sesión pública de clausura
13 de diciembre
La sesión de clausura, abierta al público, amplió el debate sobre las intersecciones entre arte, ciencia y tecnología a partir de los contenidos desarrollados durante los talleres de Agustina Woodgate y Antonio Vega Macotela. Ambos artistas compartieron metodologías basadas en el error, el fracaso y la intervención en sistemas existentes como estrategias para revelar sus brechas y cuestionar las formas contemporáneas de control. En este contexto, también se introdujo el concepto de «intimidad infraestructural», entendido como la necesidad de colaborar con profesionales e instituciones para acceder a los mecanismos internos que sostienen las infraestructuras técnicas y sociales.
La jornada continuó con una mesa redonda moderada por tere bahía, directora de HacTe, con la participación de Elisabetta Broglio (Instituto de Ciencias del Mar, ICM-CSIC), Fernando Cucchietti (Barcelona Supercomputing Center, BSC-CNS) y Sebastian Grinschpun (Instituto de Física de Altas Energías, IFAE). El debate abordó las posibilidades y los límites de las colaboraciones entre arte y ciencia, poniendo el foco en la vulnerabilidad de los sistemas tecnocientíficos, el papel del fracaso en los procesos de investigación y las dificultades derivadas de condicionantes económicos, burocráticos y semánticos. Al mismo tiempo, se reivindicó la importancia de la mediación, el rigor compartido y los procesos de trabajo colaborativos como herramientas para superar las divisiones históricas entre las dos disciplinas.

La jornada se cerró con una conferencia de Oliveras Nueno, investigadora de Forensic Architecture, que aportó una perspectiva política y forense sobre los usos contemporáneos de las tecnologías computacionales. Partiendo de las investigaciones de esta organización sobre el genocidio en Gaza, Nueno mostró cómo el análisis espacial, la cartografía y la verificación de datos pueden convertirse en herramientas para documentar la violencia estructural e investigar el uso de la inteligencia artificial en contextos de guerra y conflictos armados. Su intervención puso de relieve la necesidad de una responsabilidad ética y del rigor metodológico para hacer visibles los sistemas de poder que sustentan estas tecnologías.

Conceptualización, curaduría y coordinación: Manuel Cirauqui (herramientaidea), Antonio Gagliano (Hangar) y tere bahía (HacTe).
Ayudante de producción: Verónica Lahitte
Relatoría: Mar Gené
Técnico: Albert Tarrats



















