Hablamos con Luca Carrubba y María Ignacia Ibarra sobre el proceso de investigación desarrollado en el marco de la Beca Barcelona CREA – HacTe
La primera edición de la Beca CREA – HacTe 2025, que bajo el título “Knowing-Not-Knowing” propone indagar sobre el concepto de aridez, ha concluido tras dos meses de residencia en los que Luca Carrubba y María Ignacia Ibarra han podido trabajar en torno al proyecto Al calor devenimos hembras. Esta investigación artística partía de la pregunta sobre cómo la gestión de la vida y la reproducción se redistribuyen en el contexto de la crisis climática, tomando como ejemplo el proceso de feminización acelerada de la tortuga boba y su posible vinculación al aumento de la temperatura de la arena de las costas de Barcelona.
Durante esta etapa inicial de su investigación, las residentes han articulado una serie de conversaciones cruzadas con ámbitos de la biología marina, la ecología política, el hidrofeminismo y la colonialidad ambiental para aproximarse analíticamente a la pregunta inicial. Ibarra y Carrubba profundizan en esta entrevista en el proceso de esta residencia transdisciplinar y cómo se perfilan las líneas de continuidad de la investigación.
Vuestra investigación partía de un lugar en donde el diálogo con otras disciplinas de conocimiento y otras prácticas investigadoras era fundamental: ¿cómo habéis articulado estas conversaciones?
La investigación se ha construido, desde su inicio, como un proyecto explícitamente transdisciplinar. Las conversaciones con otros saberes no fueron un complemento, sino una condición metodológica de posibilidad.
En el ámbito de las ciencias sociales críticas y la ecología política, dialogamos con Beatriz Rodríguez-Labajos (Universitat Pompeu Fabra, grupo DIverse) y con Beatriz Felipe Pérez, de la Cooperativa sobre Justicia Ambiental CICRA. Estas conversaciones dotaron al proyecto de marcos analíticos más precisos para pensar la colonialidad ambiental, la migración climática y las zonas de sacrificio más allá de la metáfora, conectando el fenómeno local de las playas catalanas con dinámicas globales de extractivismo.
Otra colaboración central en el ámbito científico fue con Elena Abella, del Grupo BETA de la Universitat de Vic, especialista en biología marina, que nos permitió acceder al estado actual del conocimiento sobre la feminización térmica de Caretta Caretta y sus implicaciones para la conservación de la especie. Esta interlocución se articuló tanto en conversación directa como a través de la inmersión en los protocolos de head-starting de la Fundación CRAM, donde la observación etnográfica del recinto en donde trabaja el personal científico fue en sí misma una forma de diálogo: atender a sus prácticas, sus decisiones y su vocabulario nos ofreció una imagen más compleja del momento en que la reproducción de una especie pasa a depender de dispositivos técnicos.
En el ámbito artístico, el diálogo con Silvia Zayas nos aportó referencias sobre prácticas de investigación artística que operan en la frontera entre lo performativo, lo documental y lo situado. Finalmente, el taller de cartografía hidrofeminista activó una forma de conversación colectiva con participantes migrantes, incorporando al proyecto experiencias encarnadas sobre el agua, el calor y los territorios.



¿Cómo han contribuido estas conversaciones a la investigación?
El proyecto llegó a la residencia con una hipótesis y un marco teórico incipiente. Lo que los dos meses han producido no es tanto una confirmación de esa hipótesis como una mayor conciencia de sus bordes y sus puntos ciegos. La conversación con el equipo del CRAM introdujo una tensión que la propuesta inicial había formulado de forma demasiado limpia: la tecnología del head-starting no puede leerse simplemente como una intervención colonizadora sobre el ciclo reproductivo de la especie. Las personas que la practican lo hacen desde una ética del cuidado y en condiciones de urgencia. Esto nos obligó a complejizar la práctica y a preguntarnos qué significa el cuidado cuando ya no hay tiempo porque las condiciones que lo hacen necesario desaparecen.
Durante el proceso emergió la imagen de “termostato” como un personaje inesperado. A partir de la lectura del libro Teatro della terra alienata (ed. Bartlebooth, 2022), se abrió la posibilidad de trasladar las tensiones conceptuales del proyecto a un dispositivo de escritura performativa: un texto con personajes (el termostato, la tortuga, el refugio, el albedo…) capaces de condensar y transmitir esas contradicciones de forma más encarnada que un ensayo. Esta es, probablemente, la línea de trabajo más nueva que ha abierto la residencia.
La cartografía hidrofeminista, por su parte, desplazó la atención del proyecto hacia las personas que cohabitan con el mar en el área metropolitana de Barcelona. Sus memorias del clima, entendido no sólo como fenómeno meteorológico sino como clima social, afectivo y político, enriquecieron el proyecto con una capa de experiencia vivida que las entrevistas científicas no podían proveer.



El periodo de la beca ha sido breve, ¿cómo veis la continuidad de este proyecto?
Al calor devenimos hembras se ha consolidado durante la residencia como el primer movimiento de lo que concebimos como una posible trilogía. Las tres preguntas que la cierran provisionalmente -¿qué es el calor?, ¿qué significa ser hembra? y ¿qué implica el devenir?- son también tres umbrales para futuras investigaciones. En el corto-medio plazo, el trabajo se orienta hacia la producción de un dispositivo artístico que sintetice los materiales generados durante estos dos meses: el material fotográfico y audiovisual recogido en el CRAM, los materiales del taller de cartografía hidrofeminista, y el texto performativo a partir de la pregunta: ¿Qué es el calor?. Este dispositivo lo visualizamos como un video-ensayo que buscaría instalarse en un espacio de presentación que permita continuar la conversación con públicos más amplios. A medio-largo plazo, el proyecto mantiene abierta la colaboración con la Fundación CRAM, que ha mostrado interés en integrar perspectivas artísticas y sociales en su comunicación pública y en sus procesos de sensibilización. Esta es una línea que permite pensar formatos de mediación que no se limiten a la galería o el espacio de arte. La residencia también ha demostrado que el proyecto necesita, en su próxima fase, una mayor atención al componente sonoro, una deuda metodológica que el acotado tiempo de la residencia impidió desarrollar, pero que queda pendiente de resolución.
Beca Barcelona Crea 2025, con el apoyo del Institut de Cultura – Ajuntament de Barcelona.